Diosas de las Sombras
"Grandes enigmas y misterios de la humanidad"
Mitología, hechicería, literatura, historia, arte, ciencia y filosofía.


Diosas de las Sombras es un portal gótico que va en búsqueda de la investigación de aquellos grandes enigmas y misterios de la humanidad.

En este blog podrás encontrar noticias e información sobre filosofía, psicología, arte, literatura, arqueología, ciencia, mitología y muchas cosas más...


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Nosferatu, una sinfonía del horror (1922)



 Nosferatu, una sinfonía del horror (titulada originalmente Nosferatu, eine Symphonie des Grauens) es una película muda de terror rodada en 1921 y estrenada en 1922. Fue dirigida por F. W. Murnau, un máximo exponente del expresionismo alemán en el cine.

A pesar de que F. W. Murnau quiso realizar una adaptación cinematográfica de la novela Drácula, de Bram Stoker, no pudo hacer que su estudio lograse obtener los derechos de la historia. De modo que se decidió filmar, en forma no autorizada, su propia versión de la novela y cambiando los nombres de los personajes de la historia original.

La película trata sobre un empleado de una compañía inmobiliaria en Wismark, quien su jefe, al recibir una extraña carta escrita con símbolos que reconoce como del Conde Orlok, envía a Hutter a los Cárpatos para concretar la venta de la casa. Hutter se hospeda en una posada en la cual menciona que se dirige a ver al Conde Orlok. Todos los presentes se aterran de sólo escuchar el nombre del Conde y tratan de convencerlo de no ir. Hutter encuentra en su cuarto un libro sobre vampiros el cual tilda de supersticioso, pero que mantiene consigo como material de lectura. Al día siguiente parte hacia el castillo.


La intolerancia religiosa de María Tudor

María Tudor de Inglaterra
En 1516 en una Inglaterra católica romana nace María Tudor, única hija sobreviviente del rey Enrique VIII y Catalina de Aragón, su primera esposa, quien la crió como ferviente católica. Enrique VIII deseaba un heredero varón, pero Catalina no se lo dio. Como el Papa no quiso anular el matrimonio, el rey obró por su cuenta, y su acción preparó el terreno para la Reforma protestante en Inglaterra. Se casó con Ana Bolena en 1533, cuatro meses antes de que el arzobispo de Canterbury, Thomas Cranmer, anulara su primer matrimonio.

Al año siguiente, Enrique VIII cortó, desafiante, todos los lazos que le unían a Roma y fue declarado cabeza suprema de la Iglesia de Inglaterra. María Tudor, considerada entonces ilegítima, nunca volvió a ver a su madre, pues a Catalina la obligaron a vivir confinada los últimos años de su vida.

Durante los siguientes trece años se dio muerte a algunas personas que no reconocieron a Enrique VIII como cabeza de la Iglesia o que aún aceptaban la autoridad papal. Enrique murió en 1547, y le sucedió su único hijo varón legitimo, Eduardo VI, de solo 9 años de edad, que le había dado a luz la tercera de sus seis esposas. Eduardo VI y sus consejeros intentaron hacer de Inglaterra un país protestante. Se persiguió a los católicos romanos por practicar su religión, y se despojaron las iglesias de imágenes y altares.

Se levantaron al poco tiempo las restricciones que pesaban sobre la lectura de la Biblia en inglés, y se dispuso que los servicios religiosos en los que se leían las Escrituras que debían oficiarse solo en inglés, no en latín. Pero en 1553, Eduardo VI murió de tuberculosis cuando solo tenía 15 años. Entonces María Tudor, a quien se la consideraba una legitima sucesora, se convirtió en reina de Inglaterra.

Al principio, la nueva soberana, de 37 años, fue acogida con entusiasmo por el pueblo, pero no tardó mucho en perder su popularidad. Sus súbditos se habían acostumbrado al protestantismo, y ella estaba resuelta a que su reino volviera a ser católico romano. Ya que cuando se convirtió en reina, María Tudor dijo que se casaría con su primo Felipe II, heredero del trono español. Un rey extranjero y un ferviente católico romano, lo último que deseaban muchos ingleses. El levantamiento protestante organizado en contra del matrimonio fracasó, y 100 rebeldes fueron ejecutados. Felipe II y María Tudor se desposaron el 25 de julio de 1554, aunque a Felipe II nunca se le coronó. La reina no tuvo hijos, lo que la afligió mucho, pues deseaba un heredero católico romano para su reino.

Durante su reinado se derogaron todas las leyes religiosas de Eduardo VI, y María Tudor pidió perdón al Papa en nombre de la nación. Inglaterra era nuevamente católica romana.

La reconciliación con Roma dio lugar a una nueva ola de persecución contra los protestantes. Se les comparaba a un forúnculo maligno que debía extirparse para que no afectara a todo el cuerpo. A muchos de los que no quisieron aceptar las enseñanzas de la Iglesia Católica Romana se les quemó vivos en la hoguera.

La primera victima mortal que se tiene registro del reinado de María Tudor fue John Rogers, compilador de la llamada Matthew`s Bible, que constituyó la base de la Versión del Rey Jacobo. Tras pronunciar un sermón contra la Iglesia Católica Romana, en el que prevenía contra el papismo pestilente, la idolatría y la superstición, se le encarceló durante un año y en febrero de 1555 se le quemó en la hoguera por herejía.

John Hooper, obispo de Glonucester y Worcester, también fue catalogado de hereje. Manifestó que era lícito que el clero se casara y que era permisible divorciarse por adulterio. Negó, además, que Cristo estuviera físicamente en la misa. A John Hooper lo quemaron vivo; su horrible agonía duró casi tres curtos de hora. Cuando le llegó el turno de morir en la hoguera al predicador protestante Hugh Latimer, de 70 años de edad, animó a Nicholas Ridley, también reformador y compañero suyo en el suplicio, con las siguientes palabras:

“Tened valor, señor Ridley, y portaos varonilmente. Hoy, por la gracia de Dios, encenderemos en Inglaterra una llama tan ardiente que, confío, nunca será apagada.”

Se condenó asimismo por herejía a Thomas Cranmer, primer arzobispo protestante de Canterbury durante los reinados de Enrique VIII y Eduardo VI. Aunque había abjurado de sus creencias protestantes en último momento cambió públicamente de postura, acusó al Papa de ser enemigo de Cristo y metió la mano derecha en las llamas para que fuera lo primero en quemarse, pues con ella había firmado sus retractaciones.

Si bien hubo al menos 800 protestantes acaudalados que huyeron al extranjero, durante los siguientes tres años y nueve meses hasta la muerte de la reina María Tudor. Por lo menos 277 personas murieron en Inglaterra quemadas en la hoguera. Muchas víctimas fueron gente común que no sabía a ciencia cierta qué creer. Los jóvenes se habían criado oyendo que se acusaba al Papa, y ahora eran castigados por hablar en su contra. Otros habían aprendido a leer la Biblia por su cuenta y se habían formado sus propias opiniones religiosas.

A mucha gente la horrorizó la lenta y terrible muerte en la hoguera de hombres, mujeres y niños. Según los datos históricos era muy frecuente que la leña con que se alimentaba el fuego estuviera verde o que los juncos estuvieran demasiado húmedos para arder rápidamente. Las bolsas de pólvora que estaban atadas a las victimas para acortar su agonía no explotaban, de modo que se podía oír sus gritos y oraciones, muchas veces hasta el mismo momento de su muerte.

Cada vez más personas empezaban a dudar de una religión que tenía que quemar a la gente para imponer sus enseñanzas. Una oleada de compasión por las victimas fomentó una composición de baladas sobre los mártires protestantes. John Foxe comenzó a recopilar su Book of Martyrs, que entre los reformadores protestantes iba a gozar de casi tanto prestigio como la mismísima Biblia. Muchos que eran católicos romanos en los inicios del reinado de María Tudor se hicieron protestantes cuando este llegaba a su fin.

La salud de María Tudor se deterioró, falleció a los 42 años de edad tras un corto reinado de tan solo cinco años. Fue a la tumba amargada. Su esposo se había cansado de ella, y la mayoría de sus súbditos la odiaban. Cuando murió, muchos londinenses celebraron fiestas en las calles. En lugar de restablecer el catolicismo romano, lo que consiguió con su fanatismo fue fomentar la causa protestante. Su legado se resume bajo el nombre por el que se la conoció como “María la Sanguinaria”.

Pero a pesar de todo también los protestantes fueron igual de intolerantes. Cuando se estuvo bajo el reinado de Enrique VIII y de Eduardo VI, también se quemaba a la gente por sus creencias religiosas. Incluso la sucesora de Maria Tudor, la reina protestante Isabel I, decretó que la práctica del catolicismo romano se considerase delito de traición, y durante su reinado se ejecutó a más de 180 católicos romanos ingleses. Durante el siguiente siglo murieron por causa de sus opiniones religiosas cientos de personas más.


Una página de la Locura (1926)



  Una página de la Locura (titulado también A Page of Mandess, Kurutta ippêji o 狂った一頁) es una película muda japonesa del genero surrealista y dramático del director de cine Teinosuke Kinugasa, realizada en 1926. Estuvo perdió durante 45 años, hasta que un día fue redescubierta por Teinosuke Kinugasa en su almacén en 1971. La película formo alguna vez parte del producto de un grupo de vanguardistas de artistas en Japón conocidos como el  Shinkankaku-ha (en español Escuela de Nuevas Percepciones) que intentaron superar la representación naturalista.

La película nos cuenta la historia de un empleado de un hospital psiquiátrico que empieza a sentir cosas extrañas por una interna, supuestamente ingresada tras asesinar a su propio bebé. Pero él lo único que quiere es poder dejarla en libertad, para escaparse con ella y así poder formar una nueva familia. 


El gabinete del doctor Caligari (1920)



 El gabinete del doctor Caligari (titulada originalmente en alemán Das Cabinet des Dr. Caligari) es una película muda de 1920 dirigida por Robert Wiene, a partir de un guion cinematográfico de Hans Janowitz y Carl Mayer.

La cinta es considerada como la primera película expresionista de la historia y una de las películas expresionistas alemanas más influyentes. El expresionismo fue una edad dorada del cine, en donde los mayores representantes fueron: Fritz Lang, Georg Wilhelm Pabst, F.W. Murnau y Paul Wegener. El expresionismo influiría luego, por ejemplo, en Alfred Hitchcock.

Esta película es citada como la primera que introdujo la vuelta de tuerca en el cine. Fue una de las primeras películas producidas en los estudios alemanes UFA. Destacan los decorados distorsionados, que crean una atmósfera amenazante, por lo que es considera una de las mejores películas de terror de todos los tiempos.

La película trata de un doctor llamado Caligari famoso en toda Alemania gracias a Cesare, su ayudante. Éste ha estado dormido durante 23 años y se ha convertido en el fiel compañero de Caligari. Ambos llegan al pequeño pueblo alemán de Holstenwall para mostrar su número. Mientras tanto, Francis y su amigo Alan deciden ir hasta allí para ver el impresionante espectáculo del doctor Caligari. Tras el show, Cesare asegura a Alan que morirá antes del amanecer… Sorprendentemente, la profecía se cumple y Alan muere. A partir de este momento, Francis comienza a investigar quién es realmente el doctor Caligari y qué se esconde tras ese extraño espectáculo. 


Un perro andaluz (1929)



 Un perro andaluz (titulada originalmente en francés Un Chien Andalou) es un cortometraje mudo (no fue hasta la versión de 1960 que se incorporaron los motivos de Tristán e Isolda de Richard Wagner y un tango). Fue escrito, producido, dirigido e interpretado por Luis Buñuel en 1929 con la colaboración en el guión de Salvador Dalí, gracias a un presupuesto de 25 000 pesetas que aportó la madre de Luis Buñuel. Fue estrenada el 6 de junio de 1929 en el cine Studio des Ursulines de París (Francia). Posteriormente se exhibió durante nueve meses ininterrumpidamente en el Studio 28 de la misma ciudad.

El rodaje duró quince días. Según lo que refirió Luis Buñuel, Un perro andaluz nació de la confluencia de dos sueños. Salvador Dalí le contó que soñó con hormigas que pululaban en sus manos y Luis Buñuel a su vez cómo una navaja seccionaba el ojo de alguien.

Un perro andaluz está considerada como una película más significativa del cine surrealista. Transgrediendo los esquemas narrativos canónicos, la película pretende provocar un impacto moral en el espectador a través de la agresividad de la imagen. Remite constantemente al delirio y al sueño, tanto en las imágenes producidas como en el uso de un tiempo no lineal de las secuencias.

El cortometraje comienza durante una noche clara, en donde un hombre le corta el ojo de una joven mientras una nube pasa delante de la luna. Ocho años después, un ciclista se accidenta en la calle. La misma joven lo socorre y lo besa. En una habitación, el ciclista acosa a la joven. Un incidente callejero los distrae. Un personaje andrógino juega con una mano cortada y es atropellado. El ciclista sigue acosando a la joven. Un “doble” aparece y castiga al ciclista hasta que éste le dispara. Finalmente, la joven sale al mar y se encuentra con otro hombre. En la primavera, los torsos de la joven y de su nuevo acompañante aparecen enterrados en la arena, devorados por los insectos.


La isla que emergió para luego desaparecer

Pintura de un autor británico anónimo
sobre la isla (1831).
El 28 de junio de 1831, la costa occidental de la isla mediterránea de Sicilia se vio sacudida por un fuerte terremoto, que se dejó sentir también en el mar, de modo que hasta hubo quien creyó que su barco había encallado.

Durante los siguientes días, las aguas sicilianas continuaron agitadas. Afloraban a la superficie peces muertos, y se percibía un intenso olor a azufre. Además, se fue depositando piedra pómez en las playas.

El 10 de julio, el capitán Giovanni Corrao, que surcaba el Mediterráneo en su bergantín napolitano Teresina, contempló un cuadro insólito: una enorme columna de agua y humo que se alzaba 20 metros sobre el mar, acompañado de un estruendo atronador.

Fernando II, rey de las Dos Sicilias, ordenó que el Etna, un buque de guerra, investigara lo ocurrido. Las noticias de suceso también llegaron a Malta, entonces bajo dominio británico. Para que nadie se le adelantara, el vicealmirante británico a cargo de aquella isla, sir Henry Hotham, también despachó varias naves a fin de trazar la posición exacta en las cartas de navegación y averiguar la naturaleza del fenómeno.

Lo que sucedió fue que el 19 de julio de 1831, entre Sicilia y la costa africana había nacido una isla, producto de una erupción de un volcán submarino. El comandante Charles Swinburne, que bordeaba el extremo occidental de Sicilia en el balandro británico Rapad, divisó una columna alta e irregular de humo o vapor de un color blanco intenso, así que se dirigió de inmediato hacia ella. Al caer la noche observó destellos y erupciones en la columna, que se distinguía perfectamente a la luz de la luna. Al amanecer, cuando el vapor se había disipado un poco, apareció ante él un pequeño montículo oscuro a solo unos metros por encima del agua.

En menos de un mes, la isla ya tenía 65 metros de altura y 3,5 kilómetros de circunferencia. Según lo que informó el Malta Government Gazette, este fenómeno suscito gran revuelo en las islas cercanas de tal forma, que acudieron muchas personas.

Entre las mismas se encontraba el profesor Friedrich Hoffmann, un geólogo prusiano que realizaba investigaciones en Sicilia. Se acercó a un kilómetro de la isla, a la que logró ver con increíble claridad. Sin embargo, temiendo por su integridad física, declinó la oferta de desembarcar.

Menos precavido fue el capitán Humphrey Senhouse, quien, según lo que cuentan en las crónicas, el 2 de agosto plantó la bandera británica en la isla y la llamó Graham, por sir James Graham, primer lord del Almirantazgo.

La Universidad de Catania en Sicilia mandó a Carlo Gemellaro, profesor de Historia Natural, a estudiar la isla, a la cual pauso el nombre de Ferdinandea, en honor a Fernando II. Este monarca, sin dejarse amedrentar porque ya ondeara una bandera en ella, la anexionó oficialmente a su reino, pese a encontrarse fuera de aguas territoriales sicilianas.

Los últimos en aparecer fueron los franceses. El geólogo Constant Prévost también colocó la bandera de su país en la isla, a la que llamó Julia en atención al mes del surgimiento. Según sus palabras, con ese gesto quiso anunciar a los futuros visitantes que Francia no deja pasar ni una oportunidad de interesarse por la ciencia.

Las disputas territoriales se recrudecieron. Según un artículo reciente del Times de Londres, Gran Bretaña, Italia y Francia estuvieron al borde de la guerra por esta diminuta porción de tierra.

El conflicto que suscitó el nuevo territorio llamado Julia, Ferdinandea o Graham no duró mucho tiempo. Tras observaciones como la de Friedrich Hoffmann, tras visitar en septiembre el territorio, se verifico que la isla se estaba hundiendo poco a poco y que podía desaparecer en pocos meses.

En diciembre la isla ya se hallaba a pocos metros bajo el agua, lo que la convertía en un peligroso arrecife. Según lo que escribió el vulcanólogo italiano Giuseppe Mercalli:

“Todo lo que quedó de Julia se reduce a los nombres aportados por los afortunados viajeros de varios países que fueron testigos de su espectacular formación y desaparición.”


La tragedia griega

 La tragedia griega proviene del antiguo ritual llamado ditirambo, que era un sacrificio que se hacia en honor a Dioniso (dios de la vendimia y el vino). Lo que se consideraba más importante en estos rituales era la danza y el canto, interpretados por un grupo de personas. Mientras que las ofrendas del público consistían generalmente en un macho cabrío, que era consagrado a Dionisio. 

Etimológicamente, la palabra "tragedia" tiene mucho que ver con este ritual. El nombre deriva de "trago día" (del griego "tragos", que significa macho cabrío y de "oda", que significa canto).

Según las fuentes históricas en el siglo VI a.C. un sacerdote de Dioniso, llamado Tespis, que comenzó a cantar solo, estableciendo a sí una relación de "pregunta y respuesta" en donde se realizaba diálogos con el coro. Convirtiéndose, en cierto modo, en el primer actor griego que se tenga registro.

En el año -536 a.C., Tespis gana el primer concurso trágico instituido por Pisístrato para las Grandes Dionisias (fiestas que se celebraban durante los primeros días de abril y que duraban 6 días).  

Tespis reemplazó el pintarrajeo grosero de los coreutas por una máscara de género estucado. Las máscaras representaban las facciones de los distintos personajes. Las más primitivas estaban hechas de corteza de árbol luego de cuero forrado con tela y finalmente, de madera.

Los fabricantes de mascaras eran excelentes artesanos, la abertura de la boca era grande y prolongada como un embudo hecho de cobre. Este formato contribuía a aumentar el volumen de la voz en escena.

Máscara de Dioniso
conservada en el Louvre.

Hubo varias clases de máscaras: cómicas, trágicas y satíricas. Las primeras eran ridículamente toscas, con los ojos bizcos, la boca torcida y las mejillas desvencijadas. Las trágicas eran notablemente grandes, tenían la mirada furiosa, los cabellos erizados y las sienes o la frente deformes. Las satíricas eran las más repugnantes y representaban solamente figuras extravagantes y fantásticas, tales como cíclopes, centauros, faunos y sátiros.

Con las innovaciones que introdujo Tespis, la máscara griega dejó de lado el bestiario fabuloso y la tragedia adquirió un tenor más humano.

Aunque el origen de la máscara fue religioso, su uso sirvió para varios propósitos prácticos. Sin máscaras de distintos diseños le hubiera resultado difícil a un actor representar dos papeles. La boca muy abierta de las mascaras hace suponer que habría permitido el uso de alguna clase de megáfono.
El ropaje con que se vestían en las tragedias hacía que sus personajes pareciesen sombras de otro mundo. Los actores trágicos trabajaban con máscaras, coturno y con ropaje completo.

Tenían que dar una enorme impresión: su movimiento era estudio. Eran extrañas e imponentes figuras que aparecían sobre las tablas elevadas sobre el coturno como si anduviesen con zancos; para completar todo su enorme vestidura se rellenaba de borra o de paja, envueltas en ropas largas y de vivos colores cuya cola arrastraba, con altos peinados postizos y una máscara con la boca tan abierta que parecía como si quisiera tragar a todos los espectadores, tenían que producir forzosamente una gran impresión, que en época romana resultaba repelente o ridícula.

En cuanto a las decoraciones trágicas representaban siempre grandes edificios con columnas y estatuas; las cómicas, casas particulares y ordinarias; las satíricas, lugares campestres, árboles, rocas, aves y, a veces, cabañas.

La maquinaria que se utilizaba se basaba en unas plataformas montadas sobre rodillas; la rápida intervención de los personajes y la aparición de alguna divinidad se obtenían por medio de un artefacto que sujetaba al actor de una cuerda y le permitía suspenderse en el aire; aparición sorprendente, casi prodigiosa, que dio lugar a la locución Deus ex-machina.

El actor griego tenía que ser artista muy habilidoso y versátil. Si bien la mayor parte de sus discursos eran declamados solemnemente, a menudo había un grado considerable de acción violenta y expresión emocional, y  ciertos pasajes líricos tenían que ser cantados con el acompañamiento de un ejecutante de flauta. Los auditorios griegos eran sumamente críticos con la articulación de los actores y con el tratamiento que éstos dieran al texto y exigían que lo siguieran estrictamente.

Los más importantes y reconocidos autores de tragedias que se tiene registro fueron los tres trágicos (Esquilo, Sófocles y Eurípides) que, en diversos momentos históricos, afrontaron los temas más sensibles de su época.

Esquilo se caracterizaba por haber sido quien fijó las reglas fundamentales del drama trágico. Se le atribuye la introducción de máscaras y coturnos. Por otra parte, por él la tragedia empieza a ser una trilogía. Al introducir un segundo actor, hace posible la dramatización de un conflicto. La representación de la tragedia asume una duración definida (del amanecer a la puesta del sol, tanto en la realidad como en la ficción), y en el mismo día se representa la trilogía, en la cual las tres partes están relacionadas con la misma historia.

En el año -268 a.C., el joven Sófocles compite por primera vez en los concursos de las Grandes Dionisias. En donde llega a vencer a Esquilo. Ya que mientras Esquilo representaba más el clasicismo y el arcaísmo griego, Sófocles se inclino más por lo fresco y lo novedoso.

Una de las reformas que introdujo Sófocles fue la introducción de un tercer actor en la tragedia, produciendo así una interrupción en la entonces obligatoria trilogía. También  amplió el número de coreutas de 12 a 15 y redujo el papel del coro a unas intervenciones fijas más uniformes. Pero su mayor innovación se refiere a la concepción de la tragedia como un todo y no como parte de una trilogía. Una de sus obras más conocidas en donde muestra algunos rasgos que él utilizaba es en Edipo Rey.

El último de los tres trágicos es Eurípides quien a diferencia de los otros dos dramaturgos, sus obras trataban de leyendas y eventos de la mitología de un tiempo lejano, muy anterior al siglo V a.C. de Atenas. Pero aplicables al tiempo en la que se las escribió, sobre todo a las crueldades de la guerra.

Unas de las reformas que Eurípides introdujo fue la estructura formal de la tragedia ática tradicional. Mostrando así personajes como mujeres fuertes, esclavos inteligentes y una satelización a muchos héroes de la mitología griega. Por este motivo sus obras parecen ser más modernas en comparación con las de sus contemporáneos, centrándose más en la vida interna y en las motivaciones de sus personajes de una forma antes desconocida para el público griego.